Festival Día de Muertos

Concurso de Altares con nuestros amigos participantes.

1 de Noviembre, 2021

Festival Día de Muertos

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Encendido del árbol navideño

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El Merkado con el propósito de exponer todas las expresiones culturales y que como marco de éstas sea un punto de reunión familiar, bajo esta premisa organizará un Concurso de Altares dentro del Festival Día de Muertos en Koral Center.

El origen

Cada grupo humano ha desarrollado formas particulares de rendir culto a los antepasados. En las diversas culturas, todos los rituales –incluso aquellos relacionados con la muerte— tienen como fin la preservación del grupo que los lleva a cabo, y también la renovación de los elementos necesarios para la vida. Desde las primeras agrupaciones sociales, luego de cosechar los frutos de la tierra y antes de la estación invernal han tenido lugar las ceremonias relacionadas con la fertilidad de la tierra y el renacimiento de la naturaleza. Se cree que de esa manera se logra el re-establecimiento anual de las fronteras entre la vida y la muerte —entre este mundo y el otro—, y que su contacto limitado por el ciclo ritual a ciertos momentos del año ha permitido que la vida prosiga sin sobresaltos.

La tradición mexicana

En México, a partir del siglo XVI, la amalgama de tradiciones europeas y mesoamericanas dio lugar a diversas celebraciones, algunas de las cuales aún están vigentes. Entre ellas, destacan las del 1 y 2 de noviembre, y en la cercanía de estas fechas los llamados “Días de Muertos”. En efecto, los dos primeros días del mes de noviembre son las fechas establecidas en el calendario ritual cristiano para conmemorar a Todos los Santos y a los Fieles Difuntos. Por esta razón, el primero de noviembre se dedica a los “angelitos”, que son niños que murieron después de ser bautizados y antes de tener uso de razón; y el día dos, a quienes fallecieron después de la edad de la inocencia.

A estas celebraciones, la costumbre popular ha adicionado otros días dedicados a quienes murieron ahogados o en algún accidente (28 de octubre), a los “matados” (29 de octubre) y a los niños que murieron sin haber recibido el primer sacramento (30 de octubre), pues se cree que estos últimos permanecen en el “limbo”. De acuerdo con esta tradición, en esos días el ánima de los difuntos regresa a sus antiguos hogares para visitar a su familia que los recibe con una ofrenda, y esta costumbre contrasta con muchas otras culturas en donde únicamente son los vivos quienes se trasladan a los cementerios para conmemorar a los ancestros.

Las celebraciones terminan cuando, agradecidos por ser recordados, los visitantes se despiden y regresan a su morada sobrenatural. Gracias a esta festividad se reinstauran el orden terreno y las ancestrales raíces de la comunidad, así como las condiciones adecuadas para el renacimiento de la naturaleza.

Elaboración de los altares de muertos

Una mesa colocada junto a un muro es el sitio adecuado para elaborar el altar. La superficie se cubre con un mantel blanco y en un sito más elevado –correspondiente al ámbito celestial o de lo sagrado—, o directamente en la pared, se coloca una imagen devocional y algún retrato de los difuntos a quienes se dedica la ofrenda.

Los altares presentan diversos elementos rituales, algunos provenientes de la tradición cristiana, como un crucifijo, pan, agua, sal y velas o veladoras, a los cuales se suman un sahumerio que emana humo de copal o incienso, papel picado y cal o tequesquite objetos cuyas raíces pueden seguirse en la tradición mesoamericana. También son indispensables las flores: cempasúchil, cuyo color amarillo predomina en esta celebración; cresta de gallo o flor de obispo, así como nardos y nubes.

En los altares instalados en los espacios domésticos, además del retrato del difunto y de objetos que fueron de su aprecio, es costumbre colocar sobre la mesa ofrendas en forma de bebidas y alimentos tradicionales cuyo aroma y esencia, se dice, serán degustados por las ánimas: por ejemplo, mezcal o tequila, mole, calabaza en tacha y alfeñiques (dulces de azúcar, cuya forma más popular es la de calavera), así como alguna cosa para el gusto particular del espíritu visitante. En este nivel –que corresponde al ámbito terrenal o de la vida, se incluye también el llamado “pan de muerto”, que presenta diversas características según la región en donde se elabora, aunque generalmente presenta aspectos antropomorfos y en muchos pueblos se acostumbra decorarlo con azúcar pintada con anilina rosa.

Con el fin de que las almas visitantes puedan tomar con provecho las ofrendas, en un sitio cercano a este altar se coloca una bandeja o un aguamanil con agua limpia, un jabón y una toalla que les permita asearse antes de tomar los alimentos.

En el suelo, frente al altar es costumbre formar una cruz de ceniza, de cal, de tequesquite o de flores de cempasúchil. En muchas ocasiones esta cruz, colocada en el nivel correspondiente al ámbito de la muerte o del inframundo, es el remate de un largo camino de pétalos amarillos que los familiares crean con el fin de guiar al ánima hasta su antiguo hogar.

La base de los altares y ofrendas es la estructura descrita; sin embargo, al momento de ser elaborados el tiempo y los recursos de cada grupo cultural determinarán que sean muy sencillos o incluyan múltiples niveles y elementos decorativos que les darán mayor complejidad. En muchos pueblos de México, el día primero de noviembre se escucha el repicar que anuncia la llegada de los “angelitos”. Al día siguiente, las campanas doblan anunciando duelo, pues ese día se recibe la visita de los fieles difuntos. Al final de las celebraciones, todas las ofrendas tienen un destino similar: una vez que las almas degustaron la esencia de los bienes que se les dedicaron, éstos “perdieron el aroma y el sabor”, por lo que son repartidos entre los familiares y amigos para ser consumidos.

Te esperamos el día 1 de Noviembre en El Merkado, aquí en Koral Center. Visita nuestras redes sociales para enterarte de más.

Ubicado en el corredor turístico entre San José del Cabo y Cabo San Lucas, Koral Center es un sitio que satisface a una creciente y vibrante comunidad de residentes locales y visitantes y a la vez ofrece una experiencia completa e integral dentro de un mismo complejo.

Ubicación

Carretera Transpeninsular Km. 24.5
Cerro Colorado, 23405
San José del Cabo, B.C.S., MX.